Costumbre y manía.

•octubre 5, 2016 • Dejar un comentario

No son mías, ni son tuyas.

Son pequeñas bestias,

son pacientes y algo decentes.

Pero ni tuyas, ni mías.

 

Parecen ridículas al estar frente

a la ventana todo el día;

se ven inciertas cuando bailan.

Pero de lo único que se puede

estar seguro es de su deseo por la libertad.

 

Son una grieta, un golpecito molesto y un trozo de nada.

Lo que se dice sobre ellas es algo raro,

pero eso es tan absurdo comparado

con lo que dejan de hacer.

 

Cuando lloran, lo hacen en pares.

De igual manera se turnan sus tareas

cotidianas y comen de forma frenética sus refrigerios.

 

Aparecen donde uno sabe

que estarán,  y esperando que lo sepamos,

nos dejan un poco de desorden para hacer

aún más obvios sus escapes.

 

Pero al final no son tuyas,

ni son mías.

Entienden un orden más casual

que el nuestro. Atienden a sus necesidades

en momentos donde estas se les complican más.

No busques consentirlas, que yo tampoco lo haré;

porque no  son mías, ni son tuyas

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Mientras tanto

•octubre 5, 2016 • Dejar un comentario

Se obscurece la tarde,

lo noto de pronto mientras te espero.

Llevo dos tardes agotando tazas de café,

logrando apaciguar mis esperanzas.

 

¿Me dijiste lunes o miércoles?…

Lo olvide, bueno, quizá no te puse

mucha atención, pues tus ojos decían mas,

eran cómo un par de dudas dentro de mi.

 

Acaba de suicidarse el sol,

tiñe mi patio con rosas, de tonos luminosos

que armonizan con mis ganas de verte.

¿Qué harás antes de salir de casa,

te arreglas pequeños de ti ante el espejo,

piensas en pendientes o quizá dudas

salir de ella?

 

Yo siempre al salir, paso los últimos

segundos dudando. Desconfiando del mundo,

no sé si siga allá afuera, manteniendo guardia

en su monotonía.

 

Aún hay un poco de tarde en mi sala.

Parece ser que quiere acompañarme, que procura

que no desespere, que no empiece mi noche sin ti.

 

Cuando la calle parece callar,

empiezo con incertidumbres.

Porque cualquier ruido exterior

podrías ser tú. Y si lo eres, no podría

recibirte así. ¿Qué tal si al verte un deseo

torpe en mí se cumpliera, convirtiéndote

en mi invitada, en una presencia ausente?

¿De qué forma me repondría a tal

tentación, a ese destino dulce y paciente?

 

Pero sigo esperándote, y la tarde duda.

Cuando pienso en la mañana en que tu cara

me parecía de jade, empiezo con las ansias

necias a dibujar tu silueta en mi sala.

La convierto acompañante de mi sueño.

Pero dejo de hacerlo cuando mi puerta

avisa la presencia de un visitante.

 

No eres tú, es tu perfume. No eres tú,

es tu sonrisa tímida. Se parece a ti,

pero es más similar a una figura dulcemente

labrada entre la nada y mi entrada.

 

Te digo hola, cómo queriendo decir todo

lo que viví y sentí durante la espera de ti.

Asientes a mi saludo, preguntas por un tiempo

sin ti, contesto con avidez, con la fantasía

de que cada vez que responda a ello sea menor

tu ausencia, y mucho el cariño arraigado entre

los dos.

¿Para qué?

•mayo 23, 2014 • Dejar un comentario

 

  • Ella no cree en mi.
    Y la verdad no necesito que ella me crea,
    ni siquiera un poco.

    ¿Pues para qué necesita creerme?…

     

    No le sirve de nada.

    De nada le ayudara la verdad de mis labios,

    ni le ayudara a construir su historia;

    y  ni siquiera útil sera en sus viajes.

     

    Ella necesita de la desconfianza.

    De la que crece en mi voz.

    De esa que nutre su heroísmo.

     

    Porque al final ella dirá:

    “No fue mas que un cobarde mas. Ni un misero esfuerzo de felicidad, mal lograda.”

     

    Y eso le dará el oro,

    la mirra y el incienso;

    la convertirá en mártir.

    Canónica en sus desventuras,

    un mujer “completa” y muy locuaz.

Vieja

•agosto 1, 2013 • Dejar un comentario

Esa falda pasada de moda.

Migajitas de mazapán.

La gelatina de tapioca.

Un gato pardo; bien pardo.

Carboncillo sin uso,

solo de mientras…

Vieja

•agosto 1, 2013 • Dejar un comentario

Esa falda pasada de moda.

Migajitas de mazapán.

La gelatina de tapioca.

Un gato pardo; bien pardo.

Carboncillo sin uso,

solo de mientras…

Sin titulo 15

•agosto 1, 2013 • Dejar un comentario

He condenado a tu belleza 
y la he nombrado hechicería.
Pues temo que de noche tu cuerpo me domine
y mis huesos revienten. 

Te veo, y mis rodillas no aguantan, 
se doblan e imploro por ese momento.

Soy un cadáver; tan hueco y salado
que me es difícil cerrar mis labios, 
me es difícil dejar pronunciar tu nombre.

Y lloro de miedo por la enajenación
contra todo lo que fue santo para mi.

Itinerario:

•agosto 1, 2013 • Dejar un comentario

Hoy te escribo una carta, 
mañana un soneto.

Hoy una algarabía; 
mañana tendremos resaca del jubilo.

Se que nunca veré tu rostro iluminado, 
pero quizá te sueñe con esmero,
y entre piezas de mis desvelos condensare una imagen
casi tan pura como el hielo,
que te incorpore en mi cuarto,
y que me permita tener un cálido abrazo.

Hay setos llenos de almendras, 
que no llenaran mi hambruna.

Pero no dejare de escribir a tu casa.
No lo dejare de hacer ni en verano, ni en marzo.

Me permitiré el tiempo para que mi laso 
se desenvuelva en trazos mas entrañables.

Pero por hoy solo se que te escribo una carta
y para mañana un soneto.